INTERNET NO FUE LA META, SINO EL MEDIO PARA LOGRARLA

domingo, 21 de noviembre de 2010

En busca del Fuego

En la noche cerrada, apenas alumbrada por el fuego de una hoguera que crepita indolente, pinturas, atuendos y movimientos imposibles se mezclan y entrelazan para ofrecernos una imagen aterradora y fascinante.

Fascinante por su hipnotismo, por las sombras que envuelven a las figuras en un abrazo irreflexivo, por el brillo de las brasas reflejado un sus ojos hundidos.

Aterradora porque, a pesar de ser parte de nuestra historia, y nosotros de su futuro, es cuasi imposible reconocernos en ellos. En sus gestos, sus costumbres, su forma de ver el mundo, y sobre todo, de vivirlo.

La película “En busca del fuego” nos habla de la prehistoria, aglutinando hasta cuatro edades diferentes del hombre en torno a la vida de un solo personaje. Este joven varón de carácter curioso y atrevido nos guía en un paseo por la destreza y los rituales, por el avance y la barbarie, por el fuego y, sobretodo, por la comunicación.

Lo primero que podemos observar es que, para ellos, hombres Neardentales o puede que del Cormagnon, el fuego es el elemento vital. Símbolo de fuerza y superioridad, de protección y por lo tanto de perdurabilidad de la especie. Su vida gira en torno a la flor roja, tanto que, a pesar de tener un vocabulario tosco y nimio, prácticamente inexistente, basado en ruidos, sí tienen una palabra definida para el fuego, una palabra clara y común. Tanto, que valía más que la vida de cualquier hombre.

Pero en el camino de la evolución, no todo es la palabra. El ser humano se vuelve un ser sedentario, que busca estabilidad y conocimiento. Los rituales cambian, y la caza, la pertenencia a una tribu e incluso el sexo cobran nuevos significados. Se descubren los usos medicinales de distintas plantas, dando paso a la medicina y se mejoran las herramientas de caza, creando lanzas y punzones que permiten guardar las distancias.

Aunque el sentimiento de sociedad crece, volviéndose una necesidad acuciante, se produce una búsqueda de la individualidad, resultando en cada ente una independencia en sí mismo. La vista permite identificar a distancia, por lo que el tacto, el olfato, se atenúan, rompiendo la cadena del conocimiento a través del físico. El contacto se convierte en un acto que conlleva la permisión de la persona que lo sufre, interponiendo la voluntad del individuo a lo que, tiempo ha, era una necesidad. Se produce así una perdida de la comunicación corporal, nos alejamos de nuestros iguales, perfeccionamos el arte del lenguaje, agudizamos la vista hasta el punto de encontrarnos mejor separados de nuestros congéneres, donde nuestra intimidad sigue intacta.

Hoy en día, las telecomunicaciones hacen enormemente eficaz la comunicación a gran escala, donde la imagen y el sonido no solo son primarios, sino absolutos. Donde se ha relegado el poder de un abrazo, surgiendo culturas en las que es significado de una confianza absoluta.

Una época en la que se menosprecia el calor de una mano.

No hay comentarios:

Publicar un comentario